
que se llama O Nortenho (Avda. de Zapadores, Bairro de Graça). Y tiene su gracia, menos para comer, que tardamos horas, como ya mismo se verá.
Pues resulta que de extranjeros, sólo estábamos nosotros, colmando así la cuota de turistas que todo bar de fados que se precie tiene que tener, que fuimos los únicos que no cantamos, porque allí cantó hasta el apuntador: la camarera y su hija y todos, uno por uno, cada uno dos o tres canciones, los clientes (menos nosotros, como queda dicho).
Yo, que quieres que te diga, no soy experta en fados, pero los que allí cantaron me parecieron un poco tristes, con esas letras que dan dolor de corazón. Por ejemplo, este: "Cheia de penas me deito, e com mais penas me levanto".
"se eu soubesse
se eu soubesse
que morrendo
tu me havias
tu me havias de chorar
por uma lágrima
por uma lágrima tua
que alegria
me deixaria matar"
Uf, muy bonito, pero qué depre... La cocinera tampoco cantó, pero se pasó la mitad de la noche embelesadita mirando a los cantantes. La cena tardó hora y media en llegar, cuando en esas ya teníamos el estómago cerrado com as mágoas dos cantores. Lo mejor de la comida: el plato del día, lo otro regulín, se ve que la cocinera estaba empolgadíssima con el espectáculo.
En resumen: es un buen restaurante para comenzar las típicas dietas del otoño.
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